Te observo y veo en ti la expresión de una madre triste, dolorida, con la piel cada vez más reseca.
Siento que cada día tu corazón está más cansado, el cemento te asfixia y te cuesta respirar.
Han quitado la vida a tus tierras fértiles, hijas de tus entrañas, las han ahogado colocándole encima un proyecto, luego un plano y al final bloques y más cemento.
Tu piel, como si te hicieran un lifting, van estirándola para hacerte crecer a lo largo y ancho.
¿Sabes? Cada vez que tú das un estirón hay gente que se llena los bolsillos y enriquecen sus arcas. Tus arterias, por donde los coches circulan como si de un torrente sanguíneo se tratara, son seccionadas por las autovías, dividiéndote a trozos, desmembrándote.
Tu sangre, que en forma de agua, brotaba de tus profundidades, fue escondida bajo tierra, la han vendido o sin importarles que la necesitas para vivir, la han dejado que se seque en estanques y acequias.
Tus pulmones formados por el tomatero, la platanera, el millo o las papas, han sido trasplantados por unos árboles que agonizan enfermos, sin que se haga nada por sanarlos. Mueren de sed, a pesar de que algunos incivilizados, creen que la orina de perro sustituye al agua.
Gastan nuestro dinero con la excusa de embellecerte. ¡Pobres ilusos! Piensan que somos tontos. Cuando entre unos y otros te han ido dejando irreconocible, unas veces con acierto y los más, movidos por el afán de su propio lucro. Pretenden que nos creamos que lo hacen por ti y por nosotros tus hijos. Los que de verdad te queremos, sufrimos al verte cada vez más sucia, triste y vacía.
En los momentos que me apetece visitarte salgo de casa feliz, contenta e ilusionada, como la hija que hace una visita a esa madre que la ha visto crecer.
Desde el momento que comienzo a caminar tengo la sensación de que voy con una “copita de más” tengo que hacer “eses” para evitar, por un lado, las losetas de las aceras que están levantadas y corro el riesgo de caerme. Por otro para ir evadiendo la caca de los perros, las que los mismos incivilizados de sus dueños, dejan en las calles.
Al no tener suficientes aparcamientos, los coches se colocan encima de las aceras. Éste es otro peligro que tengo que eludir. Mientras lo hago imito a los niños cuando juegan; ahora voy por la acera, ahora me bajo, luego me subo y vuelta a bajar.
Cuando no son los coches o la caca de perros, son las bolsas de basura que, una veces por escasez de contenedores, y otras por la falta de sensibilidad de algunos ciudadanos, ocupan el lugar de los viandantes.
Al tiempo que camino me gusta ver los escaparates de las tiendas. Bueno entre tú y yo, es un truco que uso para hacer un pequeño descanso.
Pero cada día me cuesta más encontrarlos. Los comercios que, durante años regentaban tus hijos, han ido desapareciendo. Poco a poco se han ido cerrando.
Dicen que es consecuencia de la crisis, sin embargo mira que contradicción que, existiendo éste problema, tenemos tus calles llenas de tiendas regentadas por los chinos y grandes superficies propiedad de peninsulares o franceses. Hay quien afirma que supuestamente algunas se han abierto ilegalmente.
Como a una madre te contaré un secreto: se comenta que hay tantos negocios ilegales que de Gran Ciudad, pasarás a ser “La Ciudad sin Ley”.
La última locura, ha sido levantar parte de tu piel para ponerte una nueva. No sé cual fue la razón pero se produjo un rechazo. Los adoquines y losetas se levantaban a los pocos días de colocados. Unos dicen que el material no era todo lo bueno que tú mereces. Otros que los que llevaron a cabo la “operación” trabajaban desganados. ¡Cómo no iban a estarlo si no les pagaban! Pero a nosotros, te puedo jurar, que no nos perdonan el retraso cuando tenemos que contribuir con nuestras obligaciones.
Por si todo esto fuera poco, los Hijos Ilustres que pariste, son casi ignorados, salvo algunas excepciones. La prueba más palpable la tenemos con el nombre del único teatro que poseemos. Al elegirlo no tuvieron en cuenta los nombres de Literatos como Saulo Torón y Montiano Placeres o el escritor Marin y Cubas. Sin embargo recordaron el de un escritor foráneo.
Ni cortos ni perezosos le llamaron Juan Ramón Jiménez, y se quedaron tan anchos. No tengo nada en su contra pero, ¿Qué relación tiene contigo, más importante que nuestros escritores, poetas, etc.?
Se dice, se comenta, se rumorea que, la causa de tus males la ha traído un ave que llegó del Norte como un gorrioncillo. Poco a poco ha ido mutando, ha pasado a ser murciélago, para ir chupando tu sangre y la de tus hijos, hasta llegar a ser un cuervo que nos ha sacado los ojos para que no veamos los espacios que pretende conquistar.
Esto y más están haciendo contigo. Por eso hoy he querido sentarme a tu lado para hablarte, contarte lo que siento y decirte que aguantes, que seas fuerte. Pues tus hijos, los que te quieren, lucharan por ti.